9. Siglo XXI (2014)

MEMORIA DE ACTIVIDADES DEL AÑO 2014

Con la función solemne del 1 de enero, festividad de Santa María Madre de Dios, comenzó para nuestra Hermandad un año verdaderamente histórico por muchos motivos, pues había que afrontar el regreso definitivo a nuestra sede histórica: la iglesia de San Agustín. La Hermandad celebró el 26 de enero su Cabildo General Ordinario, el último que se hacía en San Pablo, y el 9 de febrero otra cita extraordinaria, ya que se sometían a aprobación las nuevas Reglas de la hermandad, que venían a regular nuevos aspectos, adaptarse a la normativa diocesana y hacer algún pequeño cambio sin alterar la idiosincrasia de una cofradía centenaria. Se aprobaron con más del 90% de votos de los hermanos, en una cita que por primera vez se hacía en San Agustín.

En los primeros meses del año la Hermandad iba trasladando sus enseres y su vida a la nueva casa de hermandad, en el número 7 de la calle San Agustín. El día 2 de marzo se celebró la misa dominical del mediodía por última vez en la capilla de San Pablo, algo que reunió a muchos hermanos deseosos de despedir una etapa en la vida de la Hermandad. El 8 de marzo se inició el septenario en honor de Nuestra Señora de las Angustias, que se hizo con nuestros titulares entronizados en su paso procesional. Lo predicó el padre claretiano Francisco Santiago Sánchez, que había sido consiliario de la Hermandad y que dijo innumerables misas dominicales para la Cofradía. Los cultos se prolongaron hasta el día 14 de marzo. El día 15 fue la jornada histórica del regreso a San Agustín. Lo sucedido desbordó todas las previsiones. Nuestra Señora de las Angustias lucía para la ocasión el manto morado que bordaron las Madres Adoratrices, con un exorno floral de statice morados e iris del mismo color.

El paso tenía varias novedades importantes. Se incorporaron, ya de forma definitiva, los cuatro ángeles del siglo XIX, a los que se habían repuesto los atributos pasionistas. Desde entonces figuran en los costeros junto a la Virgen. También figuraban en sus hornacinas los evangelistas del siglo XVIII, restaurados en el taller de Regespa con un excelente resultado. Tras la cariñosa despedida de las hermandades del Rocío y de la Expiración, Nuestra Señora de las Angustias avanzó por última vez por San Pablo a los sones de la banda de cornetas y tambores de la Coronación de Espinas, que dejaría paso luego a la banda de música del Círculo Cultural Calíope, reforzada en esta ocasión por las cornetas y tambores de la Esperanza de Córdoba. Poco después de las seis de la tarde nuestros Titulares se enmarcaron por última vez en el compás de San Pablo y la Hermandad encontró una ingente multitud deseosa de contemplar el histórico acontecimiento en todas las calles. Alfaros, Fuenseca y Juan Rufo fueron la primera parte del camino, pero el entusiasmo se desbordó en la entrada simbólica al barrio de San Agustín: la calle Rejas de Don Gome. El cortejo apenas podía avanzar por la multitud. Las petaladas fueron innumerables y también hubo saetas para Nuestra Señora, que avanzaba por esta vez al son de música festiva. Para ese entonces, el Hermano Mayor se había adelantado para pedir simbólicamente la venia al prior de la comunidad dominica, el padre Miguel Ángel Vílchez, para volver al templo.

La emoción en la plaza de San Agustín fue indescriptible. La Virgen accedió entre aplausos y petaladas y recibió una saeta poco antes de dirigirse a su nuevo templo, a los sones de sus marchas. El paso giró para que la Virgen estuviera de cara al pueblo y cuando quedó enmarcada en la portada manierista de la iglesia, un atronador y larguísimo aplauso confirmó el momento histórico. La Virgen entró cerca de las diez de la noche ante una plaza abarrotada. Tras la ofrenda de la música de la Coronación de Espinas en el interior del templo, quedó ante su camarín y comenzaba para la hermandad un nuevo trabajo: la culminación del besamanos y besapiés extraordinarios que tenían que celebrarse a medianoche. Cuando se abrieron las puertas, hacia las 12.15, se produjo uno de los grandes momentos en la historia de las cofradías de la ciudad. Las colas llegaron en muchos momentos de la madrugada hasta la Piedra Escrita y miles de personas acudieron a venerar a la Reina de San Agustín, de nuevo en su casa. Un grupo musical interpretó plegarias y piezas dedicadas a Ella y se realizó una salutación a cargo de nuestro consiliario. El templo permaneció abierto hasta las tres de la madrugada, pero no terminó ahí.

Continuó al día siguiente, el domingo 16 de marzo, cuando la cofradía celebró en San Agustín su Fiesta de Regla, también multitudinaria, y Nuestra Señora de las Angustias siguió recibiendo visitas. Una semana más tarde, tras la exaltación y un recital de la banda de cornetas y tambores de la Coronación de Espinas, se produjo otro acontecimiento histórico: nuestros Titulares se dispusieron en su histórico camarín, que habían dejado 53 años antes. Allí estaban cuando la agrupación musical Nuestro Padre Jesús de la Redención ofreció un concierto de forma desinteresada.

El viernes 4 de abril tuvimos el honor de recibir en la iglesia de San Agustín a nuestra querida Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Calvario, que incluyó la visita a nuestro templo en el recorrido del Vía Crucis que anualmente realiza con su venerada Imagen Titular.

Se acercaba la Semana Santa y la Hermandad preparaba su estación de penitencia, que por primera vez desde 1960 comenzaría y terminaría en San Agustín. La Hermandad se puso en la calle al caer la noche y la Virgen salió a la plaza entre una gran multitud. Subió por Rejas de Don Gome, Juan Rufo y Alfaros y al pasar por San Pablo se giró hacia la puerta de la que había sido su casa hasta un mes antes. Tras cumplir la carrera oficial, se volvió por el mismo camino. El padre Miguel Ángel Vílchez acompañó a la Cofradía ocupando la Presidencia.

Para ese entonces, la Hermandad constituyó un grupo joven, que empezó a caminar con entusiasmo realizando actividades de formación y acudiendo a las que se hacían en otras hermandades. Desde entonces, tienen charlas formativas cada tercer viernes de mes y el domingo posterior se encargan de las lecturas y la preparación de la misa de la hermandad. El 22 de junio, la Cofradía acompañó al Corpus Christi en su procesión por la ciudad, que discurrió por un itinerario novedoso, alrededor de la Santa Iglesia Catedral. El 16 de julio, el Grupo Joven engalanó un balcón en la calle Puerta del Rincón al paso de Nuestra Señora del Carmen, a quien se recibió con una petalada. La instalación fue la ganadora del concurso organizado por la archicofradía de San Cayetano.

Pasó el verano en el que la Hermandad había culminado dos cambios significativos: el del capataz, puesto para el que se nombró a David Arce Rodríguez, y el de la música, que se confió a la banda Tubamirum de Cañete de las Torres. Del 11 al 13 de septiembre se celebró el triduo, primeros cultos ordinarios que la Cofradía celebraba en San Agustín. Culminó con una función solemne el día 14, siempre con nuestros Titulares en el altar mayor de la iglesia.

El 1 de noviembre se recibió en San Agustín la visita de la imagen de Nuestra Señora del Carmen, titular de la archicofradía residente en San Cayetano, que recorría las calles en un rosario público. Ambas hermandades celebramos una misa conjunta que se aplicó además por el alma de los difuntos de la hermandad. El 12 de noviembre, la hermandad recibió una noticia que se esperaba desde hacía tiempo: la Junta de Andalucía declaró Bien de Interés Cultural a nuestros sagrados titulares, con lo que reconocía el valor de la obra póstuma de Juan de Mesa, conservada por los cofrades desde el año 1628, y consagraba su protección. Se trataba de la culminación de una larga serie de gestiones y reuniones llevadas a cabo por miembros de la Junta de Gobierno durante años, y que por fin daban su fruto.

Durante el mes de noviembre sucedió otro gran hecho, y es que llegó a manos de la Hermandad, a través de don Bartolomé Borrego, un libro de cabildos abierto en 1720. Este valioso documento sin duda servirá para conocer con mayor profundidad cómo era nuestra corporación en aquella época.

En diciembre, la hermandad participó en la Gran Recogida de Alimentos y volvió a instalar su belén en la iglesia de San Agustín, que recibió un accésit en el concurso organizado por Cajasur. Además, se recogieron cientos de kilos de comida durante la campaña de Navidad. El año culminó con una comida de hermandad.